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13 de abril: Día Internacional del Beso

El Día Internacional del Beso se celebra cada 13 de abril y surgió para conmemorar el más largo del mundo que fue protagonizado por una pareja durante uconcurso en Tailandia en 2013 el cual duró 58 horas, 35 minutos y 58 segundos.

El acontecimiento se dio en el marco del concurso del beso más largo celebrado en Tailandia en sincronía con el Día de San Valentín en el cual participaron nueve parejas, y los participantes no tenían permitido sentarse, descansar o dormir y tenían que ir al baño juntos.

 

En Internet no hay acuerdo sobre la fecha exacta en que ocurrió: aunque el récord se inscribió durante los festejos de San Valentín de 2013 –en rigor, del 12 al 14 de febrero–, hay quienes dicen que ocurrió el 6 de julio o el 13 de abril de ese mismo año.

No hay datos fehacientes que permitan chequear qué ha sido de su vida una década más tarde, pero sabemos que al menos se llevaron un premio importante: el equivalente a US$3.300, dos anillos de diamantes, y un título mundial que no está en discusión, porque el Guinness no tiene, por el momento, abierta la convocatoria para nuevos retadores. Los organizadores del concurso, que sólo admite a parejas casadas o que puedan probar que están en una relación seria, dicen en los fundamentos que su objetivo es demostrar que “el amor es realmente poderoso” y que “es necesario que los miembros de la pareja ganadora se apoyen en todo momento” incluso para hacer lo que se supone más lindo y fácil de estar juntos, que es darse un beso.

la historia del beso más famoso de la Fotografía

Si existe una foto íconica que represente este día es la que tomó Alfred Eisenstaedt, ‘»V-J Day in Times Square’, en 1945. Es la foto del marinero que besa a una enfermera en Times Square el día de la victoria de las fuerzas aliadas durante la Segunda Guerra Mundial, seguro que la has visto muchas veces.

Una fotografía que no ha perdido vigencia ni frescura con el paso de los años y que se mantiene como un icono. Una escena que ha sido reproducida innumerables veces en el cine o el teatro y que forma parte de nuestro subsconsciente colectivo. Algo que se ha repetido durante años, en Times Square durante los actos de celebración de ese día.

«En Times Square durante el día de la Victoria, vi a un marinero a lo largo de la calle que agarraba a todas y cada de las chicas que se ponían a su alcance, tanto si pudieran ser su abuela, fueran altas, delgadas o viejas, no hacía distinción. fui corriendo atrás mirando por encima del hombro con mi Leica pero ninguna de las tomas que hacía me agradaba. De repente, como un destello, vi algo que se me grabó. Me di la vuelta y capturé el momento justo en que el marinero besó a una enfermera. Si ella hubiera llevado un vestido oscuro jamás me habría dado cuenta. Nunca habría disparado la toma, o si el marinero hubiera llevado uniforme blanco, lo mismo. Realicé cutro tomas. Fue en apenas unos segundos, dijo Alfred Eisenstaedt.

La fotografía «correcta» según Eisenstaedt, fue la segunda de la serie por composición y balance según reconoce, y fue publicada esa misma semana en LIFE Magazine, aunque hay que mencionar que Eisenstaedt no fue el único que capturó ese instante mágico.

El final de Cinema Paradiso: Para llorar y disfrutar de los besos mas apasionados de la historia del cine

Si no viste la película de Giuseppe Tornatore, ganadora del Oscar a la Mejor Pelicula extranjera hoy tal vez sea el día ideal para hacerlo. La cinta de Giuseppe Tomatore contiene, en su último minuto, más de cincuenta de los más famosos besos de la historia del cine

La película cuenta la historia de Salvatore un cineasta que recuerda su infancia, cuando se enamoró de las películas en el cine teatro de su pueblo y he hizo una profunda amistad con el proyeccionista del cine.

 

El jovencísimo Salvatore Cascio interpretó a Totò un niño que vive por y para el cine. No es que haya mucho más que hacer en su pueblo, donde los hombres -incluido su padre- han partido hacia la guerra y la única alegría colectiva parece ser ir a gritarle un rato a la gran pantalla del Cinema Paradiso.

Allí trabaja Alfredo (Philippe Noiret) como operador, proyectando las cintas a ese público entregado, deseoso de evasión. Él las mira desde la cabina, a través de un agujero, aprendiendo frases de Spencer Tracy o John Wayne que después irá soltando como pequeñas joyas de sabiduría.

A Alfredo y Totò los une una amistad preciosa, basada en su amor por el cine, que se va convirtiendo en algo más profundo: acaba ocupando la figura paterna ausente para el niño, mientras éste ocupa, a su vez, el espacio del hijo que nunca tuvo. Una relación que encajaba en las dos direcciones, y que nos regaló una de las relaciones más sinceras, divertidas y emotivas del cine.

La metáfora más hermosa -y trágica- de su relación llega con la ceguera de Alfredo después del incendio en la sala de proyección. Por este accidente, el niño convertido después en adolescente se convierte no sólo en su sustituto, sino también en sus ojos.

Con el paso del tiempo, Totó se convirtió en un director de éxito, y ahora regresa al pueblo donde residía su viejo amigo, para asistir a su entierro. Y allí recibe una cinta como regalo póstumo, que debe visionar.

El antiguo operador se había visto a recortar escenas de todas las películas emitidas que el cura del pueblo consideraba podían corromper al público. Y por ese motivo le había obligado a eliminar y destruir cualquier imagen en donde apareciera un cuerpo desnudo, un beso, un abrazo.. por considerarse un escándalo.

Alfredo accedía y recortaba todas esas escenas. Pero no las destruía, sino que las iba pegando unas a otras para salvarlas en un mismo rollo de película y evitar que desaparecieran. Al final de sus días, Alfredo las deja como legado a su joven amigo Totó, que se dispone a visualizar el misterioso regalo.

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