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A 110 años del hundimiento del Titanic: su historia y algunas curiosidades

Los ricos y los pobres que viajaban en el barco, símbolo y retrato de toda una época, atrajeron enseguida al arte más popular del siglo XX, el cine.

 

Todo lo que rodea al naufragio del Titanic ha sido parte de una leyenda, como si se tratase de un mito griego o de un relato perdido del Antiguo Testamento. Aquella gran tragedia ocurrió un 14 de Abril de 1912, hace ahora 110 años.

En 1912, el Titanic era el barco más grande y más lujoso de la época. Su viaje inaugural atrajo la atención de las figuras más destacadas de la época, ansiosas por alojarse en sus camarotes de primera clase y comprobar la expectación que la embarcación despertaría al llegar a Nueva York.

Un gran salón para fumar, disponible para los hombres. En ese entonces, las mujeres tenían el acceso vedado a ese sitio ya que estaba mal visto que fumaran en público.

El Titanic costó siete millones de dólares de la época, alrededor de 200 millones actuales. La construcción tardó casi tres años y, hasta los últimos días, se estuvieron terminando detalles incorporando muebles, elementos de ornamentación y dándole los últimos toques a los sectores de más lujo.

La noche del 14 de abril, en el restaurante A la Carte, con la presencia del capitán, los pasajeros más encumbrados comían ostras, caviar, filet mignon, langosta, salmón y postres deliciosos.

Hasta que un estruendo los distrajo, un inesperado cimbronazo, el parpadeo de las luces. La gran mayoría siguió comiendo, brindando, celebrando. Nada malo les podía pasar a bordo de ese gigante indestructible.

La medianoche del 14 de Abril de 1912, el célebre transatlántico chocó contra un iceberg a sólo cuatro días de haber zarpado del puerto inglés de Southampton, al sur de Inglaterra (Reino Unido). Se hundió a las 2:20 horas del día siguiente, 15 de Abril, en las aguas heladas ubicadas a unos 500 kilómetros de la isla canadiense de Terranova.

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Se salvaron 705 personas, el resto terminó en el fondo del mar. En primera clase se salvaron 202 de 325 pasajeros; en el resto del barco la sobrevida fue mucho menor. Si de primera clase murió el 37%, el porcentaje de fallecidos en segunda clase fue del 58% y del 75% en tercera. Los que habían pagado los mejores pasajes se quedaron, en su mayoría, con las escasas vacantes en los botes.

Había sido diseñado para transportar a 3.511 pasajeros, además de la tripulación, pero solo tenía botes salvavidas para 962 personas. En su primera travesía, solo 2.223 personas fueron a bordo, entre pasajeros y tripulación: no estaba lleno. La tripulación estaba integrada por 908 personas y sólo 23 eran mujeres.

El Titanic fue hallado en 1985 por Robert Ballard, un oceanógrafo de la Universidad de Rhode Island (Estados Unidos) de casualidad: el experto estaba realizando una misión secreta de la armada estadounidense.

En la actualidad, los restos de la gran embarcación están siendo víctima de un proceso de corrosión imparable: están devorando su casco unos microorganismos bautizados con el nombre de «halomonas titanicae», en honor al Titanic. Estas bacterias soportan temperaturas bajas y escenarios hostiles, y comen las estructuras de hierro del barco.

Hasta entonces, su estado se mantenía inalterable gracias a la falta de luz. Pero en 1991, los investigadores descubrieron que en el óxido de los hierros del barco vivían estas proteobacterías halóficas, capaces de sobrevivir a condiciones extremas.

Lo que queda del Titanic subsiste a 3.800 metros de profundidad en el Océano Atlántico. Se presume que dentro de unos años se convierta en un esqueleto de hierros irreconocibles.

 

Algunas curiosidades

Entre los que fallecieron, sabemos se encontraban miembros de algunas de las familias más ilustres de la época. Y es que el hecho, además, significó luego una metáfora de la clase alta, de la vieja nobleza que se desvanecía dando paso a una nueva sociedad, la de las clases medias.

Nombrar a Edgar Andrew en el Valle de Calamuchita de Córdoba es referirse a una personalidad que fue reconocida post mortem debido a que fue el único argentino varón fallecido en el hundimiento del Titanic.

La familia Andrew era descendiente de ingleses, por lo que los ocho hermanos fueron enviados a Inglaterra a estudiar ya que era una tradición familiar, con la particularidad de, que en su momento, Edgar no estaba de acuerdo con ir a Europa ya que se sentía a gusto «trabajando en el campo».

Edgar vivió en La Estancia El Durazno, cerca de Río Cuarto, pero su familia se radicó en Villa General Belgrano.

En la provincia de Córdoba, una sobrina-nieta relata las vivencias que le contaron sus antepasados con gran emoción, recordando cada paso de su tío-abuelo en los días previos al naufragio del, por entonces, barco más grande del mundo.

«Mi abuelita, Ethel, era su hermana, dos hermanos que se llevaban súper bien y se querían muchísimo. Se levantaba de la siesta, nos contaba todas esas historias familiares, que hay muchas, y contaba con mucha tristeza del hermanito que había fallecido en el Titanic. Como buena descendiente de ingleses era bastante parca, pero le sacábamos estas historias tan interesantes», recordó Marianne Dick sobre su abuela fallecida en 1990, a los 101 años.

Marianne junto a su hermano, Enrique Dick, escuchaban los relatos y fue él quien escribió el libro «Una valija del Titanic», basado en la historia de su tío-abuelo.

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Edgardo se dirigía a encontrarse con su hermano mayor Silvano Alfredo instalado en Estados Unidos hacía años y que estaba por casarse en Nueva Jersey.

La más reconocida película al respecto, dirigida por James Cameron y protagonizada por Leonardo Di Caprio y Kate Winslet en 1997 puso en boca de todos la historia del Titanic, sobre la que Dick afirma: «Yo demoré un poco en ver la película. La verdad que la primera vez me lloré todo, sobre todo porque nos da la impresión de que él se puede haber tirado al agua también».

«Siendo un chico que acababa de cumplir los 17 años, calculo que puede haber sido algo así. Fue muy fuerte de saber toda esta desgracia de tanta gente que perdió la vida porque el problema es que el agua estaba tan fría», sostuvo al recordar el film.

Violet Jessop es la otra argentina que estuvo a bordo del Titanic, aunque la suerte para la bahiense fue distinta. Era una de las 23 camareras y una de las 712 personas sobrevivientes que se salvaron embarcando en uno de los botes salvavidas.

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