Benedicto XVI volvió a romper el silencio para defender el celibato y presionar a Francisco

ROMA.- Benedicto XVI, papa emérito de 92 años, que renunció al trono de Pedro el 11 de febrero de 2013, hace casi 7 años, volvió a romper el silencio que se había autoimpuesto. Lo hizo para salir en una firme y enérgica defensa del celibato sacerdotal, que muchos creen en peligro después del sínodo sobre la Amazonia de octubre pasado, que propuso la ordenación de hombres mayores casados (diáconos) para suplir la falta de sacerdotes en zonas remotas.

«Creo que el celibato sacerdotal es indispensable para que nuestro camino hacia Dios pueda seguir siendo el fundamento de nuestra vida», afirma Benedicto en un libro que escribió a cuatro manos con el cardenal guineano Robert Sarah, prefecto de la Congregación para el Culto Divino y punta de lanza del ala conservadora del Vaticano, que se opone a Francisco.

Extractos de este libro, que saldrá a la venta el 15 de enero, publicado por la editorial Fayard y titulado Desde lo profundo de nuestros corazones, fueron anticipados por el diario francés Le Figaro, que destacó que si bien los dos autores manifiestan su «filial obediencia al papa Francisco», no esconden su imposibilidad de callar ante lo que consideran una verdadera amenaza para la Iglesia católica.

«No podemos callar», afirman Joseph Ratzinger y Sarah, citando una famosa frase de San Agustín. Y su advertencia no casualmente llega a pocos meses de que el sínodo de obispos sobre la Amazonia le abriera la puerta a la posibilidad de ordenar sacerdotes a hombres casados maduros, ya diáconos. Se trata de una propuesta no vinculante votada por una mayoría de dos tercios de los obispos participantes en la asamblea, que dividió a conservadores y reformistas, sobre la que el Papa deberá pronunciarse en un documento (exhortación post-sinodal) que se espera que sea publicado el mes próximo.

Aunque el sínodo propuso la ordenación de hombres casados para hacerle frente a la falta de sacerdotes en zonas remotas como solución pastoral, la verdad es que Francisco siempre rechazó la idea de una abolición del celibato sacerdotal, que no es un dogma, sino una ley. «Personalmente pienso que el celibato es un don para la Iglesia y no estoy de acuerdo que se permita el celibato como opción», dijo el Papa el 27 de enero pasado, en el vuelo de regreso de su viaje a Panamá. «Solamente quedaría alguna posibilidad en los lugares lejanísimos, pienso las islas del Pacifico, pero es algo para pensar, cuando hay necesidad pastoral, ahí el pastor debe pensar en los fieles«, agregó.

Lo cierto es que, alarmados ante la propuesta de ordenación sacerdotal de diáconos casados planteada por el documento final del sínodo sobre la Amazonia, Benedicto XVI y Sarah, que aseguran haberse «encontrado e intercambiado ideas y preocupaciones», salieron a presionar a Francisco. Tomaron esta iniciativa como «dos obispos» en «filial obediencia al papa Francisco», que «buscan la verdad» con un «espíritu de amor y de unidad en la Iglesia». «Si la ideología divide, la verdad une a los corazones», aseguran.

Quienes han visto últimamente a Benedicto XVI, papa emérito, que en abril cumplirá 93 años, aseguran que, si bien está lúcido, ya no puede escribir; y tampoco hablar en forma concentrada, salvo por pocos minutos. Por eso causó gran sorpresa la salida de este libro realizado junto a un cardenal desde siempre crítico de Francisco, en algo que aparece como una operación para presionar al Papa y a hacer naufragar la propuesta de ordenación sacerdotal de diáconos casados para lugares donde no hay curas.

Aunque al renunciar Benedicto XVI, que vive en un monasterio en los jardines del Vaticano, se autoimpuso vivir alejado del mundo, no es la primera vez que rompe su silencio. En abril pasado publicó un documento sobre el escándalo de abusos sexuales de menores en el clero, que relacionó con la revolución sexual del Mayo del ’68 y que causó controversia. Ahora la salida de este libro reabre el debate sobre cómo debería comportarse el papa emérito. Y, como muchos expertos destacaban en las redes sociales, confirma que, a diferencia de lo que se ve en la película «Los dos papas» recientemente estrenada por Netflix, donde hay mucha más ficción que realidad, no es nada fácil la convivencia entre ellos.

 

Fuente: La Nación

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