fbpx
SEGUINOS EN LAS REDES
SEGUINOS EN LAS REDES

Escalofriante relato: “La risa era insoportable, me perseguían, eran como mujeres, pero con cara de chancho”

Un hombre contó el escalofriante encuentro que tuvo en medio del monte. «La risa era insoportable, y yo corría, pero me perseguían, eran como mujer, pero con cara de chancho», relata.

 

Un hombre llamado Juan José, oriundo de Salta, contó un aterrador encuentro que tuvo en el medio del monte de su pueblo natal, casi al límite con Bolivia. “Hola amigos, me llamó Juan José y vivo en Salta, no soy mucho de escribir, pero sentía que tenía que compartir esta historia con ustedes, en esta página que realmente atrapa. Lo que voy a contarles es una historia que me ocurrió a mí, soy nacido en un lugar de Salta que se llama Aguaray, está bien al norte de mi provincia casi al límite con Bolivia, es un lugar inhóspito y muy difícil para vivir, aun hoy tiene mucho monte”, comienza.

► Te puede interesar: Kigüi, la app que te recompensa por salvar alimentos y evitar el derroche: «Alrededor del 17% de la producción mundial se desperdicia»

“En aquella oportunidad habíamos arreglado con un amigo ir a pescar a un río que se llama Itiyuro, un lugar al que nosotros conocíamos muy bien, ya que nos habíamos criado ahí, fuimos a la tarde cerca de la oración. En ese tiempo no teníamos cañas de pescar, así que poníamos la tanza con los anzuelos y la carnada, lo atábamos a un palo que luego clavábamos en la tierra y lo dejaba ahí, nosotros lo teníamos que revisar de vez en cuando. Atamos los caballos a un árbol y salimos a caminar un poco el monte para ver si podíamos cazar algo”, sigue.

Aguaray, Salta

Aguaray, Salta

“Habría pasado una hora y media más o menos de estar ahí y volvimos para revisar las líneas. Después de hacer eso, decidimos volver al campo para ver si cazábamos unas vizcachas y nos fuimos de nuevo, caminando por el costado del río, hasta llegar a un lugar donde el río hace una curva, por ahí entramos al monte, era de noche”, continúa.

► Te puede interesar: Vuelve el Gran Outlet del Centro: «Cada comercio hará su oferta y esperamos que la población acompañe»

“Yo iba iluminando con una linterna. Después de una pequeña lomada de tierra, nos dimos con un pozo muy grande pero de poca profundidad, donde vimos que se movía algo. Yo alumbro con la luz hacia ese lugar y vimos tres personas, que después nos dimos cuenta de que eran mujeres por el cabello largo. Estaban casi desnudas, pero tenían como unas túnicas con las que se tapaban. Vimos en el medio de ellas velas encendidas y de inmediato nos dimos cuenta de que eran curanderas o brujas ”, detalla.

“No llegamos a darnos vuelta que ya sentimos una risa que nos hizo doler los oídos, era muy fuerte. Nos apuramos para llegar hasta la orilla del río y en ese tramo que no era más de 100 metros tuvimos una experiencia horrible. Yo caminaba haciendo la punta porque llevaba la linterna y mi amigo me agarraba del hombro. Esa risa se la comenzó a escuchar a ambos lados del camino, era muy aguda. En un momento cuando me doy vuelta, porque sentí algo frío, al mirar me di cuenta de que no era mi amigo el que tenía su mano sobre mí, sino que era una persona cuyo rostro era como un animal, sonará extraño, pero la cara era la mezcla de una persona con la de un chancho, grité ‘soltame’, y corrí insultando hasta llegar a la orilla del río”, relata.

La cara era la mezcla de una persona con la de un chancho.

La cara era la mezcla de una persona con la de un chancho.

“Me quedé esperando por un momento y, al ver que mi amigo no venía, empecé a gritar llamándolo por su nombre. Vi al borde del monte entonces a tres personas, que eran las mismas mujeres que vimos en el pozo, cada una con una vela en la mano, caminando en círculo alrededor de algo. A esta altura de la noche, un miedo profundo penetró mi alma. En eso escucho a mi amigo, que me llama por mi nombre 2 veces. Con mucho miedo apunté la linterna hacia el lugar y fue igual a cuando hay 3 o 4 caranchos (se asustan y levantan vuelo) eran como pájaros grandes pesados, pude ver a mi amigo tratando de pararse, corrí hasta él, estaba llorando, lo ayudé a pararse porque estaba casi paralizado del miedo”, subraya.

“Comenzamos a caminar para donde estaban nuestras cosas. Al llegar, nos topamos con los caballos muertos y tapados de moscas. Recuerden que era de noche, no sabíamos que hacer, pero ninguno de los dos tenía ganas de cruzar el monte para salir de ahí esa noche. Lo que nos quedó claro es que esa noche no la olvidaremos jamás. Estuvimos ante algo malo, no hace falta decirlo, y tuve la suerte de contarlo”, termina.

Posts Relacionados