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Ganadores del Fondo Editorial Municipal se presentan en la Feria del Libro de Santa Fe

Desde hace 34 años, el Fondo Editorial Municipal funciona como un radar de lo que la narrativa y la poesía tuvo y tiene para decir en Rafaela. Matias Aimino y Santiago Alassia son los ganadores de las ediciones 2014 y 2016 del concurso editorial, y exponentes del mundo literario de la ciudad y la región por su extensa trayectoria desde la gestión, primero en Prima Liter, en la Asociación de Escritores Rafaelinos (ERA) y en la organización del Festival de Literatura. El próximo sábado 16 de septiembre a las 19hs. presentan sus obras, «Archivos de Altazar» (2015) y «Por lo Bajo» (2017) en la Feria del Libro de Santa Fe junto a las editoriales Palabrava y Del Aire.

Bajo el formato de actas notariales, «Archivos de Altazar» (Aimino) muestra una compilación de historias y personajes que fueron documentadas en la colonia «Altazar», con la pretensión de «registrar lo nimio y de ordenar lo ingobernable». Según el autor, «los expedientes notariales (que obviamente son ficcionales), de algún modo van tejiendo una trama mayor que el microrelato que se cuentan en cada uno de esos expedientes. No se trata ni de una serie de cuentos ni de una novela, pero uno podría leerlo si quiere en una de esas dos claves». Mientras que «Por lo bajo» son, según Alassia, ocho cuentos que, si bien se podrían enmarcar dentro de cierto realismo, en verdad presentan situaciones sutilmente «corridas de lugar». Como si las acciones, los escenarios, los conflictos, los personajes y sus deseos, estuvieran levemente fuera de foco.

La edición XXIV la Feria del Libro de Santa Fe se desarrolla hasta el 17 en la Estación Belgrano de la capital provincial (Bv Gálvez 1150). Habrá charlas, talleres, espectáculos, presentaciones de libros y exposiciones que vinculan a la palabra y la ilustración. Martín Caparrós, Liliana Bodoc, Cristian Turdera, Decur, Leonardo Oyola, Carlos Busqued, Juan Robledo, Germán de los Santos y Hernán Lascano, Julio Mendivil, Humphrey Inzillo, entre otros, son algunas de las presencias destacadas de esta edición.

En cuanto al Fondo Editorial Municipal, cabe destacar sus puntos de venta: Faber Libros (Saavedra 52); Librería Paideia (San Martín 166); Librería El Saber (Sarmiento 144), Museo de Arte Dr. Urbano Poggi (Sarmiento 544); La Tiendita de Jauss (Saenz Diaz 38); Jalito Café (Rivadavia 113). En Santa Fe se pueden conseguir en: Seded UNL (9 de julio 3563 y Hall Aulario Ciudad Universitaria (RN168 80)). Además el catálogo forma parte del Stand de Santa Fe dependiente del programa Espacio Santafesino del Ministerio de Innovación y Cultura de Santa Fe, que se encuentra en ferias y mercados de todo el país.

A su vez, todos los libros del catálogo del Fondo Editorial pueden conseguirse en Bibliotecas de Rafaela: Biblioteca Municipal Lermo r. Balbi (Sarmiento 544); Biblioteca Popular Sarmiento (Guemes 144); Biblioteca Popular J. M. Estrada (Bv. H. Irigoyen 159).

LOS AUTORES Y LA LITERATURA LOCAL

Antes de la presentación en la Feria del Libro de Santa Fe, Aimino y Alassia analizaron la situación actual de la literatura local y sus desafíos.

¿Existe para ustedes algún estilo de narrativa y/o poesía que pueda definirse como local?

Matías Aimino: Durante gran parte del siglo XX hubo en nuestra ciudad una literatura dominante que tomó su impulso del proceso colonizador y adoptó como temas: la gesta gringa, el trabajo de la tierra y una serie de valores asociados (el esfuerzo, la fe, etc.). El tono de esta literatura era mayormente épico, celebratorio. Desde hace varias décadas esta literatura perdió su carácter dominante y dio lugar a una serie de manifestaciones literarias muy diversas que enlazan con tradiciones que no son locales. En este nuevo panorama literario caracterizado por una mayor diversidad, es difícil reconocer rasgos identitarios comunes que permitan hablar de un estilo local. Sin embargo, es posible encontrar algunos elementos que distinguen este nuevo panorama del anterior: la eliminación del tono celebratorio y la adopción de un enfoque crítico, así como el desplazamiento hacia temas de carácter más bien urbano.

Santiago Alassia: No. Juan José Saer, en su libro «El concepto de ficción», dice, a propósito de la discusión en torno a los nacionalismos en la literatura (y podríamos, por lo tanto, extender el concepto a los localismos) que «todos los narradores viven en la misma patria: la espesa selva virgen de lo real». Creo que esto es válido también para la poesía. Me parece que todo escritor, debido a la crisis que viene padeciendo la idea de representación, debe poner en cuestión la relación entre el lenguaje y el mundo. Más allá del género que practique, el escritor está situado en una relación de tensión hacia el lenguaje: cada texto ha de ser, antes que nada, una redefinición de las formas de aprehensión de lo real. Yendo concretamente a lo que se escribe en Rafaela, entiendo que hoy existe una interesante pluralidad y diversidad de miradas, de estilos, de marcas de escritura, y que empieza a vislumbrarse una rica convivencia entre escritores de distintas generaciones. Hasta hace unos años, tal vez, hubiese sido posible afirmar que la literatura local estaba, en rasgos generales, definida por la pretensión de llevar a la página el relato de la versión oficial de la gesta gringa. Creo que ese «imperativo» ha estallado, y lo que hoy emerge es un mosaico de nuevas búsquedas que el tiempo y el trabajo de cada escritor se encargará de cristalizar.

En 2017, a través de ERA gestionaron el 1er. Festival de Literatura de Rafaela que se realizó en el marco de la Semana del Libro, en base a esa experiencia ¿cuáles creen que son los desafíos para la literatura hoy en Rafaela?

MA: Si la consideramos como un campo de producción, y no como una mera sumatoria de talentos individuales, el principal desafío que enfrenta hoy la literatura rafaelina es insertarse en el panorama literario nacional, constituirse en un nuevo nodo dentro de esa red mayor que es la producción literaria nacional. Creo que el fuerte impacto que tuvo el Festival de Literatura – Rafaela 2017 constituye un avance en este sentido, pero todavía queda mucho por hacer, especialmente en lo que respecta al desarrollo y fortalecimiento del campo editorial.

SA: El Festival nació desde la necesidad de seguir buscando respuestas alternativas (y siempre provisorias) a las preguntas de siempre: ¿qué significa escribir literatura?, ¿por qué y para quién se escribe? y ¿cómo hacer que lectores y escritores se encuentren? Con respecto a los desafíos actuales de la literatura en Rafaela, podría decir que son muchos y muy variados. Entre ellos: continuar generando espacios donde los escritores locales puedan encontrarse entre sí y, a la vez, establecer redes con sus pares de otras ciudades; construir instancias novedosas de formación; crear acciones que permitan poner en circulación sus obras.

¿Qué podrían decir de la literatura del otrx? ¿Cómo la definirían?

MA: La escritura de Santiago Alassia no admite una caracterización definitiva, justamente porque uno de sus rasgos más importantes es el de la experimentación y la búsqueda. No sólo ha transitado por diversos géneros, sino que también se ha dedicado ha indagar en los intersticios que (presuntamente) separan un género de otro. Esa diversidad también se aplica a los temas. Sin embargo, en todos los casos, la escritura de Santiago Alassia encarna la potencia de la lengua, nombra como si realmente hiciera aparecer. Es una escritura que interpela al lenguaje, lo escarba hasta descubrir sus secretos. Y escarbar en el lenguaje significa siempre rasgar el velo de la apariencia, ver el mundo como si estuviera desnudo o, mejor todavía, quitarle la piel al mundo y dejarlo en carne viva para que así todos podamos verlo. En la mayor parte de sus obras se produce este efecto, cito como ejemplos el poema «Fanto», de su libro «Hueco en el mundo» (Baltasara, 2015), y también «Música funcional», el último de los relatos que componen «Por lo bajo» (FEM, 2017).

SA: Creo que en la obra de Matías Aimino, más allá del terreno que elija para plasmarse (poesía, narrativa, prosa poética o incluso escritura dramática), late siempre la necesidad de ampliar los límites expresivos del lenguaje, de ahondar en la capacidad poética del decir. En ese sentido, incluso desde las visibles diferencias de estilo y de registro que nuestras obras sostienen, lo reconozco como un par, como alguien preocupado, también, por indagar en cada texto las complejas relaciones que se trazan entre las palabras y las cosas.

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