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INTERNACIONALES

Murió el papa emérito Benedicto XVI a los 95 años

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Benedicto y Francisco

Desde su renuncia, en febrero de 2013, el pontífice alemán residía en un monasterio en los jardines vaticanos. La convivencia con Francisco durante casi una década en la cúspide del poder de la iglesia católica, alimentó intrigas palaciegas entre los dos sectores dominantes y enfrentados de la burocracia cardenalicia.

A los 95 años de edad, falleció este sábado el papa emérito Benedicto XVI.

El prelado residía de manera permanente en el monasterio Mater Eclesiae, en los jardines vaticanos, desde el 28 de febrero de 2013 cuando renunció al pontificado argumentando problemas de salud.

El abandono voluntario del trono principal del Obispado de Roma (el primer retiro en 600 años) dio lugar al cónclave de cardenales que el 13 de marzo de ese año eligió como su sucesor al argentino Jorge Mario Bergoglio.

El papa Francisco lo había visitado el miércoles en su vivienda. Tras la reunión, reveló que Benedicto XVI se encontraba muy enfermo y pidió a los feligreses oraciones para acompañarlo en el difícil trance.

Al mismo tiempo, el vocero de la Santa Sede, Matteo Bruni, comunicó de manera oficial que el pastor universal se encontraba lúcido, consciente y estable, pero que su estado de salud era sumamente delicado.

La última foto pública del papa emérito data del 1 de diciembre último, cuando recibió a los ganadores de un premio de Teología. Su última actividad oficial, en tanto, había sido el 27 de agosto, cuando saludó de manera personal a los 19 nuevos cardenales creados por el actual dignatario de la iglesia católica.

Pocos esperaban que su recogimiento durara más que su reinado de ocho años como vicario de Cristo; había sido ungido el 19 de abril de 2005, tras la muerte de Juan Pablo II.

Al momento de su expiración final, se encontraba acompañado por su secretario personal, Georg Gaenswein.

Joseph Aloisius Ratzinger (tal su identidad secular) había nacido en la ciudad bávara de Markti, Alemania, el 16 de abril de 1927.

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Una Iglesia, dos Papas

La renuncia de Benedicto XVI a su pontificado en febrero de 2013 sacudió al Vaticano desde los cimientos y generó tensiones e intrigas palaciegas entre los dos sectores dominantes y enfrentados de la iglesia católica, según cuenta Massimo Franco en su libro El Monasterio.

El periodista del diario milanés Corriere della Sera también describió cómo se vivía en ese estado teocrático enclavado dentro de la ciudad de Roma la cohabitación en la prelatura de los dos papas.

La situación alimentó desde el vamos la “percepción de una iglesia dividida” entre los dos vicarios y plantea la necesidad de abordar y resolver el dilema de cómo proceder en adelante ante una nueva renuncia al trono, sostiene por su parte Luis Badilla, editor del sitio de información vaticana Il Sismografo.

Desde el momento de su paso al costado, Benedicto XVI vestía una sotana blanca más sencilla sin esclavina (capa pequeña) sobre los hombros y no luce su anillo de pontífice, sino uno de obispo.

Las características del atuendo y de la sortija no están contempladas en ningún documento oficial del Vaticano por lo que se conjetura en ámbitos de la burocracia que gobierna ese estado soberano que, más temprano que tarde, habrá que reglamentar la convivencia entre dos papas, que por primera vez en la historia ocurrió durante los casi diez años últimos entre Benedicto XVI y Francisco.

La renuncia al pontificado de Benedicto XVI supuso una situación anómala, que no se producía desde 1415, cuando Gregorio XII dio un paso al lado tras la huella de Celestino V, el primer obispo de Roma que abandonó la sede petrina en 1294.

Según la constitución apostólica Universi Dominici Gregis, promulgada por Juan Pablo II en 1996, tras la muerte de un Papa en ejercicio, corresponde al colegio de cardenales determinar el día, la hora y el modo en que el cuerpo del Pontífice será trasladado a la basílica vaticana, para que pueda ser expuesto de manera que los fieles puedan rendirle homenaje póstumo.

El reglamento prevé que los funerales deberán celebrarse durante nueve días consecutivos, es decir, con nueve días de luto oficial, un periodo que en latín se denomina Novendiali. Si bien, tal y como observa el consultor de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, el sacerdote Claudio Magnoli Magnoli, “el inicio de estos para que la inhumación tenga lugar, salvo por motivos especiales, debería ser entre el cuarto y el sexto día después de la muerte”.

Otra de las incógnitas es el posible lugar en el que el Papa emérito será enterrado.

En el momento de su renuncia, Benedicto XVI expresó claramente su deseo de regresar a su Baviera natal, en Alemania; sin embargo, esto es difícil al haber vivido desde 1981 en el Vaticano.

El periodista alemán Peter Seewald, considerado su biógrafo, reveló en unas declaraciones al diario alemán Passauer Neue Presse, realizadas en 2020 después de visitarlo en persona en el monasterio Mater Ecclesiae, que Benedicto XVI tendría ya redactado su testamento y habría incluso elegido donde reposarán sus restos mortales.

El lugar sugerido, según el diario alemán, es la antigua tumba de San Juan Pablo II en la cripta de la basílica de San Pedro. Una elección motivada por “lo cercano que sintió siempre a su predecesor”, explicó Seewald. Actualmente, el cuerpo del santo polaco reposa en una capilla lateral de la basílica vaticana situada junto a la Piedad de Miguel Ángel.

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