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Kiss en el Campo de Polo: la gira con la que la banda se retira definitivamente de los escenarios

Tras la postergación de dos años por la pandemia de Coronavirus, Kiss finalmente pudo retomar y traer a estas tierras su gira despedida, algo que convocó de manera particular al fiel público de las diferentes provincias del país.

 

El sábado a la noche, a pura explosión, llamaradas de fuego, papel picado, los conocidos trucos escénicos y un irresistible rock fiestero, Kiss puso fin al espectáculo más grande que dio con su parada en el porteño Campo de Polo Argentino del «End of the Road World Tour», la gira con la que se retira definitivamente de los escenarios.

Tras la postergación de dos años por la pandemia de Coronavirus, Kiss finalmente pudo retomar y traer a estas tierras su gira despedida, algo que convocó de manera particular al fiel público de las diferentes provincias del país.

Medio siglo de grandes himnos rockeros y golpes de efecto estuvieron presentes a través del repertorio y de todos esos rituales escénicos que Kiss sumó a lo largo de su recorrido y que le dieron su principal carácter.

Cerca de las 21.30, un video mostró a los cuatro integrantes de «la banda más caliente del mundo» en el backstage yendo hacia el escenario, para luego hacer su aparición bajando desde plataformas colgantes al ritmo de «Detroit Rock City».

En tal sentido, en las dos horas que duró el show, «El demonio» Gene Simmons hizo su terrorífico número de escupir sangre en la canción «God of Thunders» y su circense performance de lanzar fuego por la boca en «I Love It Loud». En tanto, «el chico estrella» Paul Stanley voló sobre el público antes de «Love Gun» y rompió su guitarra al final.

Tampoco faltaron los disparos y explosiones lanzadas desde la guitarra del «Hombre del espacio» Tommy Thayer, como en su momento lo hacía el original Ace Frehley en «Cold Gin»; ni la plataforma de la batería que se eleva en el solo de «El Gato» Eric Singer, una tradición también inaugurada por el histórico Peter Criss.

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En su mayoría con las caras pintadas como los cuatro famosos personajes del grupo, madres y padres con hijos pequeños, adolescentes y veinteañeros, y fans de la primera hora fundieron sus voces en cada uno de los estribillos y compartieron su fervor. Es que el grupo no falló y le entregó por última vez todo aquello que no puede faltar en su show.

Padre e hijo, lookeados para ver a Kiss (Fotos: Gustavo Gavotti)

50 mil personas vieron el show de Kiss en el Campo Argentino de Polo (Buenos Aires).

Más allá de las explosiones y estos tan celebrados momentos, la banda regaló 23 de sus grandes clásicos, fundamentalmente aquellos de los años ’70, cuando el grupo alcanzó una impresionante fama. También estuvieron, en menor medida, las composiciones de la época del glam metal, cuando la banda decidió quitarse el maquillaje.

En tal sentido, demostró una vez más que detrás de la gran parafernalia -o acaso sosteniéndola- hay una soberbia banda capaz de tocar hard rock sencillo pero contundente y fiestero; y dejó la certeza de que se extrañará su ausencia en la escena.

Mientras los líderes Simmons y Stanley, cada uno con su estilo, oficiaban de grandes maestros de ceremonia a partir de mantener al extremo sus personajes, Thayer y Singer destacaron exclusivamente con sus solos y dejaron más al margen la cuestión de los roles.

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Como si en ningún momento se perdiera de vista que se trataba del último cara a cara entre Kiss y el público argentino, cada pasaje del show, cada gesto y cada palabra era celebrada; y cada uno de los miembros se llevó su ovación personal.

Mientras se disipaba el humo de la última explosión, por los parlantes comenzó a sonar «God Gave Rock and Roll To You» y en las pantallas se leía «Kiss los ama, Buenos Aires».

 

 

Hernán Natale – Agencia Télam

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