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La anciana atacada por su nieto contó que se hizo la muerta para que dejara de golpearla

El relato recabado por los investigadores fue expuesto este martes por la fiscal Celeste Minniti, quien solicitó que el joven de 25 años continuara tras las rejas.

 

 

Un hombre de 25 años cuyas iniciales son LNF fue imputado esta mañana como autor de la tentativa de homicidio de su abuela de 77 años cometida en el barrio Yapeyú de la ciudad de Santa Fe. La atribución delictiva estuvo a cargo de la fiscal Celeste Minniti y se llevó a cabo en una audiencia realizada ante el juez Gustavo Urdiales en los tribunales de la capital provincial.

El juez José Luis García Troiano ordenó la cautelar de máxima para L.N.F. (25) alias «Pachu», imputado por la «tentativa de homicidio calificado por el vínculo, criminis causa, y por alevosía», de su abuela paterna.

La investigación estuvo a cargo de la fiscal María Celeste Minniti, que hizo hincapié en la vulnerabilidad de la víctima, que venía de pasar meses postrada como consecuencia del Covid-19, por lo que necesitaba ser asistida por su entorno familiar. También resaltó que el ataque del joven cesó porque la anciana se hizo la muerta hasta que escuchó que él se había retirado de su casa de Misiones al 6400, barrio Yapeyú.

 

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El relato:

La tomó del hombro y le propinó al menos cuatro fierrazos más en el cráneo. La abuela recordó que durante la agresión ella le suplicaba que dejara de pegarle, pero él no se detenía. Cuando intentó gritar en busca de socorro, su nieto le tapó la boca. Fue entonces que la giró, y ahí ella logró cubrirse un poco con las manos mientras él continuaba con su accionar, hasta que cayó al piso. Siquiera eso lo detuvo.

En un intento desesperado, ella cerró los ojos y se quedó quieta, casi sin respirar. El chico paró, le tocó el cuello y después le puso los dedos frente a la nariz, para chequear si respiraba. Le habló, «¿abuela?», y ante la falta de respuesta se dirigió a la habitación. Aun fingiendo estar muerta, la mujer escuchaba cómo el joven revisaba los cajones y rompía la puerta de su ropero.

Acto seguido lo sintió pasar por encima de ella e ir al lavadero, donde abrió una canilla (supone que se limpió las manchas de sangre) y después comenzó a manipular una garrafa. Recién cuando los ruidos cesaron la anciana se relajó, abrió los ojos y se arrastró hasta la puerta de entrada a su casa, dejando un manchón de sangre de aproximadamente 4 metros en el suelo.

A través de la reja logró llamar la atención de un vecino que estaba en la vereda, quien ante semejante situación salió en busca del patrullero que acababa de ver pasar por allí.

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