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La Cámara Federal reabrió la investigación por el atentado de Montoneros al comedor de la Policía Federal en 1976

Fue, hasta el atentado a la AMIA, el más brutal en nuestro país.

 

La Cámara Federal ordenó reabrir una investigación para que se analicen las responsabilidades de la agrupación Montoneros en el atentado a una repartición de la Policía Federal.

Ocurrida en julio de 1976, en plena dictadura, la bomba provocó la muerte de 24 personas y 60 heridos (algunas investigaciones periodísticas concluyen que hubo 23 muertos y 110 heridos).

Para el tribunal, la jueza María Servini, quien había ordenado cerrar la denuncia, no analizó si el caso (más allá del paso del tiempo) debía investigarse bajo la hipótesis de una grave violación a los derechos humanos, como ocurrió con la causa AMIA.

José María «Pepe» Salgado, el autor material del ataque. Fue un joven agente de policía de 21 años que estudiaba Ingeniería Electrónica en la Universidad de Buenos Aires.

El hecho

Todo se enmarca en el día 2 de julio de 1976, en momentos pasados a las 13 horas. Una bomba detonó el comedor de la Superintendencia de Seguridad Federal, ubicada en la calle Moreno 1431 de la Capital Federal.

El ataque fue concretado por la organización Montoneros y la denuncia señala como responsables de esa agrupación a Mario Firmenich, Marcelo Kurlat, Horacio Verbitsky, Laura Sofovich, Miguel Ángel Lauletta, Norberto A. Habegger, Lila Victoria Pastoriza, entre otros.

La aureola de una bola de fuego que avanzaba desde el comedor devoró todo: cuerpos, mesas, sillas, armarios, pedazos de mampostería y hasta el escritorio del personal de vigilancia.

Por la bomba expansiva, el portón de madera, hierro y vidrio de cuatro metros de alto por seis de ancho voló por la calle Moreno al 1400 y quedó estampado en la fachada de mármol del edificio de enfrente. También los cuerpos de varios agentes fueron deglutidos por la onda y también arrastrados hacia el exterior del edificio.

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De la bola de fuego solo se salvó la imagen de la Virgen de Luján, patrona de la Policía Federal, entronizada muy cerca del techo, a unos tres metros del portón de ingreso. La Virgen de cerámica no se cayó: ni siquiera se movió.

El sargento Domínguez y los agentes Flores, Biazzo, Palacios y Yusso sufrieron quemaduras en el rostro, cortes variados y fracturas en las piernas; pudieron recuperarse luego de permanecer internados en el hospital policial Bartolomé Churruca, aunque Domínguez quedó rengo de por vida.

Varios policías sobrevivieron con graves mutilaciones; algunos, postrados para siempre. Seis cadáveres quedaron destrozados, irreconocibles a simple vista.

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