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Procesan al rafaelino líder de la banda narco que operaba desde la cárcel

Evelio “Yiyo” Ramallo (35), el célebre preso que recientemente en agosto de este año firmó una condena de tres años por haber agredido a un fiscal con un tacho de basura en medio de una audiencia en los tribunales de Rafaela, quedó nuevamente implicado en una causa judicial. La misma se tramita en el fuero federal y lo tiene sindicado como el jefe de una banda narco que operaba en Rafaela , pero que se suministraba de estupefacientes en la ciudad de Santa Fe.

El juez federal a cargo del Juzgado de Rafaela, Reinaldo Rodríguez, dictó el procesamiento para Ramallo tras considerar que el mismo dirigió hasta el pasado 22 de agosto una organización criminal, dedicada a la venta de drogas, desde la Unidad Penitenciaria N°11 de Piñero, dependiente del Servicio Penitenciario provincial.

El fallo del magistrado, que hizo lugar al pedido del fiscal del caso Gustavo Onel, lo encontró presuntamente responsable del delito de “tenencia de estupefacientes con fines de comercialización en calidad de organizador” por lo que ordenó su prisión preventiva y además le trabó un embargo sobre sus bienes hasta cubrir la suma de 500 mil pesos.

La resolución también alcanza a otras seis personas sindicadas a lo largo de investigación como quienes desempeñaron dentro de la banda distintos roles: Carina Soledad Castillo (21); Yoana Carolina Olivera (28); Diego Hernán Molina (34); Cristian Daniel Ferreyra (41); Nanci Lorena Zunoffen (42); y Joaquín Ángel Babijezuk (30). Todos procesados por “comercio de estupefacientes”.

 

Un procedimiento como disparador

La investigación tuvo su inicio a raíz de la interceptación de dos mujeres que iban a bordo de un remis en la ruta provincial 70 (en el kilómetro 45) el pasado 22 de mayo. Ambas portaban dos armas de fuego (pistolas), de las cuales una tenía la numeración “limada”.

Las pistolas fueron secuestradas en el marco de una causa que buscó dar, en el Ministerio Público de la Acusación, con el comercio ilegal de armas y su posible utilización para cometer ilícitos. Sin embargo, con el devenir de la pesquisa, una serie de escuchas a personas involucradas develaron una trama narco como trasfondo de aquel secuestro por lo que la investigación pasó el fuero federal.

Tan solo bastaron una serie de intervenciones telefónicas para dar cuenta que quien estaba a cargo de la organización era un conocido preso de la ciudad de Rafaela que para ese entonces estaba alojado en el penal de Piñero, en el sur provincial. Evelio “Yiyo” Ramallo, nacido en 1985 en la localidad de Suardi y con residencia, hasta su detención por una causa de homicidio, en la ciudad de Rafaela. El mismo actualmente purga una condena de 20 años de prisión por una causa de homicidio y además por haber agredido al fiscal Guillermo Loyola (del MPA), el 13 de diciembre del 2018 en una audiencia de medidas cautelares que se desarrollaba en la sala 2 de los tribunales rafaelinos.

 

 

Directivas desde la cárcel

Tras una serie de trabajos de inteligencia y a través del análisis de escuchas, los investigadores de la Unidad Investigativa Antinarcóticos I -encargados de la pesquisa- detectaron que quien oficiaba en la estructura criminal como ladera de Ramallo era Carina Soledad Castillo, una joven de tan solo 21 años y la cual quedó registrada en una serie de escuchas.

El juez Rodríguez destacó en este sentido que la misma “se encargaba de fraccionar, estirar, comercializar y distribuir la droga a puntos de venta” al menudeo en Rafaela. Y además se habría encargado de recaudar “las ganancias obtenidas de esa actividad ilícita”, todo ello bajo las órdenes y directivas que le impartía el imputado Ramallo.

Así lo evidenciaron las escuchas entre la joven y el mismo Ramallo. “Ya te dije son negocios y de droga son cosas serias, de droga. Estas vendiendo droga no caramelos, droga”, le dijo “Yiyo” a la joven ladera sobre cómo debía actuar para la venta y el cobro de la actividad clandestina. “Lo hice como vos me dijiste, ósea le puse 40 gramos de la piola y 60 gramos de creatina y lo mezcle, lo pise en un plato de ahí, y lo estuve pisando, lo estuve pisando, lo pise, lo mezclaba, lo mezclaba…”, le respondió Castillo a Ramallo en otro dialogo que consta en el expediente judicial.

El proveedor

El procesamiento también valoró la participación que tuvo en la organización Joaquín Ángel Babijezuk, un cuidador de caballos del Hipódromo de Las Flores y cual residía en un departamento de Santiago de Chile al 2000 del barrio Roma, donde existen una serie de cocheras y supo funcionar un lavadero, según indicaron fuentes policiales.

El mismo fue acusado de ser el proveedor de la banda por medio entregas que se llevaban en inmediaciones del hipódromo de Las Flores de la ciudad de Santa Fe. En este sentido, la causa determinó en un primer momento que Babijezuk almacenaba drogas en su domicilio y también en el stud donde trabajaba.

Sin embargo, cuando le allanaron su domicilio los investigadores no encontraron estupefacientes. De todos modos, quedó detenido y ahora procesado por las escuchas telefónicas que desnudaron sus modus operandi en la banda.

Eslabón inferior

Para el juez, el resto de los involucrados en la causa realizaron una serie de roles, como lo fue el de Cristian Daniel “Kiko” Ferreyra que fue imputado de “acopiar y acondicionar” el material estupefaciente que luego se distribuía en los puntos de venta al menudeo de Rafaela.

En el caso de Yoana Carolina Olivera, quedó implicada por haber realizado la comercialización de estupefacientes al menudeo en el domicilio Lucio Casarin al 1900 de Rafaela, puesto que allí habría funcionado una “boca de expendio” de la banda.

Mientras que en el caso de Lorena Zunoffen, fue procesada porque se comprobó su grado de participación en la organización criminal ya que se habría encargado de transportar el material estupefaciente y el dinero para el pago del mismo, desde la ciudad de Santa Fe hacia la ciudad de Rafaela por medio de la utilización de vehículo marca Ford, modelo Ecosport. Dicho vehículo supo ser visto por los investigadores en el Hipódromo de Las Flores donde la banda se suministraba de drogas.

 

 

 

 

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